¿Cántas veces nos ha pasado que después de morir de hambre por 3 semanas siguiendo nuestro plan de dieta tal como Dios manda, hemos arrasado con todo elemento comestible que había a nuestro alcance?
¿Cuántas veces nos hemos hecho las enfermas para zafarnos de situaciones que no teníamos ganas de soportar?
O más aún ¿Cuántas veces hemos dejado en rojo la cuenta de nuestra tarjeta por tener ese par de zapatos ¨rojos, increíbles¨, iguales a los negros que tanto amamos?

Muchas veces hacemos cosas de las cuales después nos arrepentimos y nos sentimos culpables, nos angustiamos porque no era lo correcto pero de todas formas lo hicimos. Pagamos la cuota del gimnasio al cual nunca vamos, pedimos 1 kg de helado después de pasar por el local de comidas rápidas a buscar la cena, un delicioso combo, grande!… y lo terminamos! (porque nos sentíamos débiles por la dieta que estábamos haciendo y además es domingo y llueve…) y a no olvidar el uso (y abuso) que hicimos durante la semana de la tarjeta de crédito porque las liquidaciones están ¨imperdibles¨ como lo va a estar el hecho que por los próximos 3 meses debas vivir a fideos porque el presupuesto no da para más…
En esas situaciones una extraña fuerza interior hace que mandemos callar a nuestro ¨angelito¨ interno y dejemos ganar a nuestro ¨diablito¨ porque sabemos que eso que estamos a punto de hacer (o dejar de hacer) es algo que queremos, morimos de ganas por hacerlo, pero no es lo correcto, no es conveniente para nuestra salud mental.

Aquí vamos a darte unos consejos para que la próxima vez que esto te suceda, puedas meditarlo y analizarlo previamente para no sufrir más por las consecuencias.
Antes que nada, plantéate la situación y analiza los riesgos, a saber: por qué quieres hacerlo, qué consecuencia va a traerte, quién será el mayor perjudicado, y como te sentirás después.
La respuesta a todas estas preguntas las conocemos de ante mano, y también conocemos lo que nos hace mal y lo que no.
Por ejemplo: Es el momento de las liquidaciones, y quieres comprarte TODO!
Antes de hacerlo piensa si realmente lo que vas a comprar es algo que necesitas, piensa cuan feliz te va a hacer tenerlo, y sobre todo si puedes pagarlo cómodamente o va a exigir algún otro tipo de sacrificio hacerlo… no vale la pena estar 3 meses con el presupuesto justo, por un tapado y un par de zapatos para agregar a la colección que con tanto esmero has conseguido… puedes arreglarte con los que ya tienes, y vivir bien con tu presupuesto, sin que este penda de un hilo…
Ahora, llegado el caso que no hayas podido resistir a la tentación y los hayas comprado, en vez de sentirte culpable o desesperada por los malabares económicos que deberás hacer a futuro, piensa que era algo que querías mucho y lo hiciste para darte un gusto, ponte contenta por el regalo que te has hecho y cuando llegue la hora de sufrir las consecuencias de la falta de presupuesto, en vez de amargarte piensa en el lindo tapado y los zapatos que tienes ahora.
Si bien este es un ejemplo bastante banal, sirve para aplicarlo análogamente con otras situaciones que nos pueden generar culpa o arrepentimiento.

Siempre debes tener en cuenta que si no lo haces obtendrás un beneficio, y si lo haces, también obtendrás un beneficio: el de haber hecho lo que tenías ganas de hacer.
La recompensa de una manera u otra la obtendrás… y salvo la muerte, todo es solucionable en esta vida!
Así que a poner el pecho y afrontar las decisiones que tomamos sin sentir culpa ni arrepentimiento por hacerlo, sino sintiendo orgullo por haber hecho lo que tanto deseábamos!
Somos gente adulta y en última instancia: de los errores siempre se aprende!


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