Ataques de pánico, algo cada vez más frecuente

De aparición súbita y repentina, este trastorno consigue generar numerosos síntomas que en muchas ocasiones se llegan a confundir con otro tipo de patologías. Ataques de pánico, algo cada vez más frecuente Un ataque de pánico 

Según diferentes estudios llevados a cabo, entre un 6% y un 8% de la población ha sufrido en alguna ocasión un ataque de este tipo. Esta sintomatología, caracterizada por tener muchas causas y contar con un componente genético de predisposición así como con factores de tipo psicosocial, es cada vez bastante más frecuente. El grupo que más lo sufre son las personas que tienen entre 30 años y 50 años.

Cada vez es mucho más frecuente que una persona llegue al consultorio médico y psicológico para consultar sobre este tipo de trastorno e incluso suele ser motivo de visitas al cardiólogo, ya que uno de los síntomas más característicos de esta patología es la taquicardia que suele confundirse con otro tipo de afecciones por lo que se llega a generar sensación de angustia y de miedo en quienes lo padecen.

El ataque de pánico se trata de un síndrome que se vive con sensación de terror o de miedo intenso y con sensaciones de muerte inminente, de descontrol o incluso con sensaciones de desmayo. Normalmente se presenta de una manera súbita y con síntomas que pueden durar un determinado tiempo y que pueden prolongarse durante diez o veinte minutos, pudiendo llegar a repetirse durante varias veces al día. Durante este tipo de crisis, las reacciones físicas son muy similares a las que se llegan a desarrollar ante cualquier tipo de peligro real, pero con la gran diferencia que en estos casos se desencadena sin la presencia de una amenaza en concreto.

La reiteración por tanto, es uno de los puntos también negativos de este síndrome, ya que la persona que lo sufre llega a vivir con la sensación constante de que se repetirá esa sensación de miedo en cualquier momento.

Diagnóstico

Se puede diagnosticar un ataque de ansiedad o de pánico cuando la aparición aislada y temporal de malestar intenso o de miedo viene acompañada de cuatro o de más síntomas, todos ellos iniciados  de una  manera brusca y que llegan a alcanzar la expresión máxima durante los diez primeros minutos.

Entre los síntomas más frecuentes cabe destacar las taquicardias, las sacudidas o temblores, sudoración  en pies y manos, sensación de frío o de calor repentino, miedo a perder el control, mareos, desmayos e inestabilidad. Esta lista también se ve integrada por una sensación de atragantamiento, de miedo a morir de una manera repentina, de malestar u opresión en el tórax, ardor en el pecho, sensación de despersonalización o de irrealidad, náuseas o malestar estomacal. Cuando cualquier persona crea que puede sufrir este tipo de ataque en cualquier momento, se recomienda tranquilidad y concentrarse en pensamientos positivos. 

También es necesario recurrir a un profesional que se encargue de estabilizar al paciente y hacerle entender por qué se llegan a desencadenar este tipo de episodios y por supuesto, lo que hay que hacer para evitar que se vuelvan a repetir.

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