Un alojamiento impregnado de espiritualidad: el Hotel Abad Cisneros

Montserrat, con sus mágicas montañas en las que el tiempo y la erosión han dejado sus huellas de manera tan caprichosa, junto con su Basílica y su Monasterio, es, a ciencia cierta, el lugar más emblemático de la comunidad catalana. A la belleza de su entorno se une un legado histórico y cultural importantísimo, que los monjes que allí residen han sabido conservar a lo largo de los años. Un alojamiento impregnado de espiritualidad: el Hotel Abad Cisneros Es un lugar de peregrinación, donde, especialmente en los días festivos, se reúnen multitud de creyentes y no creyentes, con el objetivo de visitar el Parque Natural, sus bellas construcciones, ver a la Virgen de Montserrat y oír cantar a los pequeños de la Escolanía.

En tal espiritual escenario, encontramos el Hotel Abad Cisneros, al lado mismo de la Abadía. Desde el año de su construcción, en 1563, el edificio sirvió, durante todos estos siglos, para alojar a los peregrinos. A mitad de los 50 fue convertido en hostal, y en el año 2000 se hicieron importantes reformas convirtiéndolo en un hotel moderno con todas las comodidades.

Las habitaciones, cómodas y amplias, disponen de todo lo necesario, y están muy bien decoradas. Todas tienen televisor por satélite y baño completo. El establecimiento dispone también de varias salas, una especialmente dedicada a la lectura, en la que podremos pasar agradables ratos leyendo un buen libro. Para los pequeños, hay una zona de juegos infantiles.

Su ubicación hace de este alojamiento un sitio tranquilo y silencioso, donde pasar unos días de paz y tranquilidad, dando paseos muy relajantes por su bello entorno, el Parque Natural de Montserrat, que nos sorprenderá por sus hermosos rincones y por la abundancia de su fauna y su flora.

El hotel dispone de cafetería, donde podremos tomarnos tranquilamente un aperitivo antes de comer. Y cuando ésta llegue podemos hacerlo en su prestigioso restaurante, especializado en cocina tradicional catalana. Una escudella catalana o un fricandó de ternera con setas pueden ser una buena elección. Seguido de una crema catalana.

No debemos marcharnos sin llevarnos dos productos muy típicos de Montserrat: el “mató”, un tipo de queso fresco que suele comerse con miel, y una botella de “Aromas de Montserrat”, un licor elaborado por los monjes con hierbas de la zona.

 

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